miércoles, 13 de noviembre de 2019

El poder público sólo emana del pueblo


 ¿Porqué fue eliminada la frase “el poder público sólo emana del pueblo”  de la propuesta de reforma a la Constitución Política que está en la Asamblea de Diputados? Las protestas sociales del pueblo panameño durante varias semanas fueron hábilmente humedecidas  por el gobierno que maniobró tanto desde la Presidencia como de la Asamblea Nacional. El descontento fue provocado por el abuso en la iniciativa ‘constituyente’ por parte de los órganos del poder. El presidente Laurentino Cortizo y la Asamblea  se combinaron para aprobar – en una primera instancia - un proyecto de reformas con 96 artículos que sólo beneficia a los pequeños grupos que controlan los mecanismos (corrupción) que distribuyen las riquezas del país.
Supuestamente, las reformas responden al interés de mejorar la Constitución. Sin embargo, en el transcurso de este gobierno se ha demostrado que más bien responden al interés de que todo siga igual o peor. Los jóvenes sienten que los cambios son un engaño y salieron a defender la educación superior amenazada por los conservadores aún agazapados en el gobierno. Los LTGB también protestan porque no se reconoce el matrimonio sin discriminación. Los jubilados por las pensiones de hambre. Así sucesivamente.
No se ha producido, sin embargo, una lectura crítica de la propuesta, acogida por Cortizo, de la Concertación. Ni siquiera la mayoría de los miembros de la Concertación – los supuestos autores - han leído la propuesta. Muchos de los ministros y diputados tampoco lo han repasado.
No soy abogado, menos constitucionalista ni filósofo del derecho. Me atrevo a decir que el contenido de la propuesta de la Constitución Política es básicamente conservadora y tiende a crear una camisa de fuerza para mantener las relaciones sociales injustas, actualmente existentes. A diferencia de la Constitución Política de 1946, que creía en un país dinámico y promovía cambios sociales (el novedoso Titulo Social), la actual propuesta hace todo lo contrario.
Para ello, comencemos examinando la reforma al Artículo 2 que elimina el concepto que el ‘poder sólo emana del pueblo’ y lo reemplaza con la frase que hace alusión al ‘poder público del pueblo’. El mismo artículo 2 también se refiere a una trilogía extraña cuando dice que Panamá ‘se constituye en un Estado constitucional, social y democrático de derecho’. Lo ‘constitucional’ es una tautología y lo ‘democrático de derecho’ es repetitivo. Veamos el Estado Social. Este concepto fue introducido a los debates políticos a mediados del siglo XIX en Prusia, Alemania, que luchaba para unir a todos los teutones a su proyecto de expansión industrial. Los teóricos prusianos se enfrentaban a un adversario político que era la clase obrera organizada (social democracia).
Según Lorenz Von Stein, la sociedad había dejado de constituir una unidad, debido a la existencia de clases. La solución, decía, es un Estado social que evite “el proceso de las clases que buscan ascender socialmente”, a través de una “monarquía social”.
La nueva Constitución social alemana era paternalista y sus defensores creían haber engañado a los sindicatos cediendo algunas migajas. La Constitución (que refleja la correlación de fuerzas sociales dentro de un país) reconoció la existencia de la clase obrera pero no le cedió espacio alguno para su participación en los asuntos gubernamentales.
La reforma al artículo 2 incluye otra frase que es contraria a un ‘pacto’ social: el Estado “garantiza la tutela de los derechos y garantías fundamentales, los derechos humanos, políticos y sociales y el estado de bienestar”. Esta frase tan compleja es el resultado, probablemente, de largas discusiones en la Concertación. Pero el resultado fue crear confusión. Al final, la propuesta inentendible del artículo 2 quedó con un Estado ‘constitucional, social y democrático de derecho, surgido por el poder público del pueblo...’ Hace aparecer órganos del Estado (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) que no necesariamente trabajarían en armonía y que “deben garantizar la tutela (del) Estado de bienestar social’.
El Artículo 2 de la Constitución vigente de 1972, que lo tomó textual de la de 1946, es mucho más clara. No tiene esos arranques de paternalismo teutón ni frases tautológicas:
 “Artículo 2 (actual) El poder público sólo emana del pueblo. Lo ejerce el Estado conforme está Constitución lo establece, por medio de los órganos Legislativo, Ejecutivos y Judicial, los cuales actúan limitada y separadamente, pero en armónica colaboración”.
Panamá esta de acuerdo. Se necesita una renovación. Para ello la constituyente originaria es la salida más sensata: “el poder público sólo emana del pueblo”.
14 de noviembre de 2019.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Los jóvenes rechazan reformas, quieren una Constituyente


Las protestas de la juventud y del pueblo panameño contra las reformas constitucionales propuestas por el presidente Laurentino Cortizo son responsabilidad de los gobernantes. Desde un principio, la forma de abordar la iniciativa fue calculada mal por los asesores de Cortizo. El primer mal paso fue acoger una propuesta excluyente, sin consulta o revisión, para reformar la Constitución. Segundo error, el ejecutivo la envió directamente a la Asamblea Nacional de Diputados sin una revisión del contenido de las reformas propuestas. En el proceso de revisión de la propuesta por parte de la Asamblea todos los diputados quisieron meter su cuchara, sin orden alguno y, peor aún, sin una dirección ideológica o partidista.

La propuesta de reformas que envió Cortizo a la Asamblea no tenía justificación teórica ni sustento alguno (ni escrito o verbal). La manipulación de los diputados del paquete convirtió el procedimiento en un circo. Cada diputado se sentía con libertad de introducir cualquier artículo. La banda circense paró de tocar cuando la Universidad de Panamá levantó la voz contra una reforma que pretendía privatizar la educación superior mediante una maniobra legislativa. La propuesta de un diputado conservador, ligado a los intereses empresariales, tocó un nervio muy sensible. Los universitarios, apoyados por amplios sectores de la sociedad, sacaron sus pancartas e hicieron la caminata desde “la casa de Méndez Pereira” hasta el Palacio ‘Justo Arosemena’ donde sesiona la Asamblea.
El rector, Eduardo Flores, le explico a los diputados y a su guardia pretoriana, agazapada detrás de las rejas con ‘las púas de la vergüenza’, cual era la misión de la Universidad y el despropósito del artículo que pretendían introducir en la Constitución. El presidente Cortizo, la mayoría de los miembros de su gabinete ni los diputados aceptaron lo planteado por el rector Flores. Sin embargo, la Universidad tenía otra arma aún más convincente: la fuerza de su juventud estudiantil. Las manifestaciones de los grupos estudiantiles de varias universidades se concentraron en las calles que rodean la Asamblea protestando. El presidente Cortizo dio la orden de abortar el artículo que pretendía suprimir la educación superior en Panamá.
Tras el enfrentamiento, los jóvenes se sumaron a las protestas contra el proyecto de reformas a la Constitución, tanto en su contenido como en su forma. Para enfrentar el descontento general, Cortizo se presentó en televisión para regañar a los diputados y jóvenes por igual. Amenazó con el uso de la represión si no se avanzaba con el calendario de reformas que él se propuso al tomar posesión de la Presidencia en julio de 2019.
Lo más interesante de esta experiencia es, por un lado, la madurez y consistencia del movimiento de la juventud. Además, los jóvenes han abierto un diálogo con todos los demás sectores del país. Hay un solo punto en que todos los protestantes coinciden: no quieren las reformas constitucionales propuestas. La mayoría quiere que se convoque una constituyente (originaria) con plenos poderes soberanos. El choque con las fuerzas del gobierno no sólo se da en el terreno político, también se produce en las calles cuando los ‘antimotines’ de la Policía Nacional reprime a los jóvenes. Se reportaron casi cien detenidos y el doble de heridos.
Al gobierno sólo le resta esperar para ver si el calendario de Cortizo se cumple a fines de 2020 con un plebiscito para aprobar o reprobar las reformas propuestas. El gobierno cuenta con el apoyo de los sectores mas conservadores del país y todo indica que tiene caminando a su lado a los partidos políticos (neoliberales), oficialistas y opositores. La acogida a las reformas por parte de los medios, que son propiedad de los sectores mencionados, ha sido tibia. La Embajada de EEUU, acéfala hace varios años, aparentemente no tiene mayor interés en las propuestas de reforma.
Los jóvenes apuntan a un objetivo que une a todo el pueblo en contra de la clase económica y su gobierno. Quieren detener el proceso de reforma. Pero le agrega a este objetivo la convocatoria de una Constituyente originaria. La lucha entre gobernantes y gobernados es permanente. Lo que cambia es la correlación de fuerzas. Si existe mucho descontento en la familia panameña se puede llegar a una Constituyente con alguna probabilidad de éxito. En este caso hay que trabajar y hacer las consultas más amplias para construir el edificio sobre el cual descansará la nueva Constitución.
7 de noviembre de 2019.

miércoles, 30 de octubre de 2019

“Las púas de la vergüenza”


La América Nuestra de Martí, la América indígena de Mariátegui, la América hispana, la América latina de la CEPAL se encuentra en una encrucijada, como muchas veces en su pasado, donde los pueblos tienen que decidir en que dirección encaminarse. Las clases sociales subordinadas empujan las estructuras opresoras para transformar y poner fin a las injustas relaciones entre ricos y pobres. A su vez, las clases sociales dominantes contienen el avance de los pueblos a sangre y fuego o, como en el caso de Panamá, blindando con púas de ‘vergüenza’ la cerca de hierro que ‘protege’ (¿de quién?) la Asamblea Nacional. Los diputados creen que detrás de la reja encuenetran protección de la ira popular y de la juventud. Los batallones norteamericanos en la Zona del Canal también creyeron estar a salvo de la insurrección de la juventud que dijo basta en 1964.

Mientras que el continente arde con los pueblos en la calle, exigiendo justicia, en Panamá la juventud, como siempre, se hizo presente en el Palacio legislativo para rechazar el proyecto de reformas constitucionales que incluía, entre otros, un artículo para privatizar la educación superior. La protesta hizo que los diputados recapacitaran y, por el momento, dejaron por fuera el mencionado artículo. La cámara única del legislativo panameño procedió aprobando un conjunto de reformas improvisadas y que cuenta con una base social insignificante. Tiene que pasar por un filtro adicional en 2020 y después someterse a un referéndum. El pueblo pide una constituyente originaria lo que de partida condena a muerte el proyecto de reformas que el presidente Laurentino Cortizo envió a la Asamblea.
¿Qué explica esta tozudez de los gobernantes latinoamericanos cuando se trata de enfrentar a los pueblos de la región? Casi sin excepción avanzan propuestas que empobrecen a los trabajadores, coartan las oportunidades de la juventud y pretenden deshacer los lazos de hermandad entre los pueblos de la región. Las oligarquías de la región creen estar preparadas para enfrentar las movilizaciones populares con las armas de guerra más modernas. Las fuerzas armadas mandan sus mejores oficiales a la Escuela de las Américas, del Comando Sur de EEUU, para recibir el entrenamiento militar más sofisticado (incluyendo las últimas técnicas en la aplicación de torturas). En este contexto el presidente chileno le declaró la guerra al pueblo.
No entienden que la mejor manera de tener un pueblo trabajando por el mejoramiento del país es incorporando sus fuerzas a la construcción de la nación de todos. Mas educación, mejores servicios de salud, viviendas decentes y espacios para que se exprese libremente. Cuando se habla de una redistribución de la riqueza que producen los trabajadores es precisamente esta realidad que se quiere mejorar. Para ello se requiere más dinero, más recursos, que tienen que ser destinados a los sectores que, en la actualidad, son ignorados por los gobernantes.
Las protestas en Panamá, y las manifestaciones masivas en los países de Centro y Sur América así como el Caribe, reclaman esos cambios. Chile, al igual que Panamá, tiene un producto interno bruto (PIB) muy alto que refleja su crecimiento económico. Pero no hay desarrollo social. En el caso de Chile, desde los tiempos de Pinochet, el cobre ha enriquecido al país pero el pueblo, los trabajadores, sigue igual. En el caso de Panamá, desde la invasión militar de EEUU en 1989, el PIB se ha multiplicado varias veces (gracias al traspaso del Canal) pero la calidad de vida de los panameños ha disminuido.
Hay analistas que tratan de tapar el sol con un dedo de la mano. Los observadores norteamericanos dicen que los culpables son los gobernantes – ellos los llaman oligarcas - que han mostrado su total incompetencia para administrar sus países siguiendo el modelo neoliberal. Los ‘expertos’ de la banca y del sector financiero de la oligarquía en los países de la región le echan la culpa a ‘conspiraciones’ provenientes de los gobiernos que tratan de construir sociedades participativas (Venezuela). Incluso, hay quienes culpan a los agentes de la Unión Soviética que se han infiltrado en las filas populares. Se olvidan que ese gobierno desapareció hace casi treinta años. 
Las insurrecciones marcan épocas. Los pueblos de América latina han avanzado, siguen su lucha y lograrán sus objetivos de justicia y equidad. Las cercas que construyen las oligarquías en torno a sus castillos caerán, al igual que ‘las púas de la vergüenza’ que pretenden blindar su dominación.
31 de octubre de 2019.

jueves, 24 de octubre de 2019

América latina en llamas



“Chile en Estado de emergencia, Ecuador en Estado de sitio, Colombia en crisis humanitaria, Perú en crisis política, Brasil paralizada, Argentina destruida, Paraguay agotada, América latina en llamas”. Siete países de Sur América sometidos a los ajustes estructurales del Fondo Monetario Internacional (FMI) que han sucumbido al caos político. En la actualidad, son gobernados por el terror y el hambre. En el resto de América latina la situación es igual o peor: Haití desgarrada, Honduras destrozada, Guatemala vive su tragedia, El Salvador bajo el terror y México tratando de soltarse de las cadenas.
América latina, en gran parte, ha sido penetrada como nunca por la política de EEUU y los ajustes de su brazo financiero, el FMI. Los ajustes del FMI son iguales para todos los países de la región. Comienzan con una primera torcida del brazo, eliminando o reduciendo los gastos públicos. Sigue la aplicación del ‘shock’ privatizando todos los bienes públicos, ahorros de los trabajadores acumulados durante décadas en cuestión de unos pocos decretos. El siguiente paso es ‘flexibilizando’ la relación entre los trabajadores y los dueños de la propiedad (empresarios), que reduce en forma significativa los salarios.
La aplicación de los ajustes las realizan regímenes ‘fuertes’. Tienen que convencer por las buenas o por las malas a los trabajadores que su sacrificio es para el beneficio del país. Las medidas represivas van de acuerdo con la resistencia del pueblo: Pinochet en Chile, Fujimori en Perú, Salinas de Gotari en México y tantos otros. En Panamá los ajustes del FMI favorecieron a los dueños del capital de manera extraordinaria. En la década de 1970, el 66 por ciento de la riqueza producida en el país formaba parte de la masa de salarios que recibían los trabajadores. Para principios del siglo XXI la relación se había invertido, el 66 por ciento de las riquezas iban a los empresarios y sólo el 34 por ciento restante llegaba a los trabajadores y sus familias.
La aplicación de los ajustes van acompañados de promesas vacías que adormecen a los trabajadores por un rato. La promesa más popular que ofrecen los gobiernos de los empresarios es que la concentración de las riquezas entre los más ricos tiene un límite. La acumulación de riquezas pronto rebasará el vaso y caerá como un ‘chorro’ para beneficiar a los trabajadores y otros sectores que se han empobrecido. La promesa nunca se hace realidad. Al contrario, la pobreza se hace cada vez más intolerable y se rompe toda clase de comunicación entre ricos y pobres, entre capitalistas y trabajadores.
El siglo XXI ha visto explosiones sociales en toda la región como consecuencia de las políticas de ajuste. En Argentina ya lo experimentaron dos veces. En Perú y en Ecuador también. En Haití es un Estado permanente de insurrección y represión. Lo que algunos llamarían un ‘empate catastrófico’. A fines del siglo pasado y principios del actual, las medidas de ajuste (neoliberalismo) demostraron que eran inútiles. Le permitieron a los dueños del capital apropiarse de más riquezas, creando personajes con miles de millones de dólares en sus haberes. Pero, al mismo tiempo, lanzando por el precipicio de la pobreza a decenas de millones de trabajadores. La receta neoliberal probó ser insostenible.
Para enfrentar el caos provocado por EEUU y el FMI en América latina, surgieron los gobiernos democráticos llamados ‘rosados’. Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Zelaya en Honduras, los gobiernos frentistas en Nicaragua y El Salvador, presentaron programas de gobierno más favorables para los trabajadores. Las oligarquías de esos países se declararon en estado de guerra. Recibieron el apoyo de lo que llamaron la ‘sociedad civil’ (clase media alta) y EEUU.
En muchos casos la reacción tuvo éxito. En otros, la resistencia logró contener a EEUU (Venezuela, Bolivia) pero a un costo muy elevado.
EEUU se lanzó contra las consignas de Chávez, Lula, Kirchner, Evo y Correa quienes proclamaban cambios e, incluso, en algunos casos el socialismo (à la Bernie Sanders). Sin embargo, el FMI rechazó la idea de distribuir las riquezas nacionales de una manera más justa. Las insurrecciones recientes en Honduras, Argentina, Ecuador y Chile son muestras del fracaso de políticas que empobrecen a los pueblos. La única fórmula que puede tener éxito para los países de la región es la unidad regional. Un solo bloque puede enfrentar a las potencias mundiales y sus instrumentos financieros.
24 de octubre de 2019

miércoles, 16 de octubre de 2019

Seguimos improvisando en el debate sobre las reformas constitucionales



Panamá se encuentra en un proceso de reformas constitucionales. Estamos en una encrucijada difícil y llena de obstáculos. La política se ha vuelto un juego de simulaciones. Los órganos de poder se han sometido a las presiones externas e internas sin saber como avanzar. No hay propuestas que encuentren actores sociales dispuestos a romper las cadenas que atan a la sociedad a un circo que repite una y otra vez los errores del pasado. Todos reconocemos los problemas. El que sobresale es el sistema político corrupto que no le permite al país poner en práctica una estrategia de crecimiento (acumulación) económico. Este, a su vez, le corta las alas a cualquier proyecto de desarrollo social que saque a la mayoría de los panameños de la pobreza y promueva la equidad.
Las diferentes clases sociales tienen sus proyectos de reformas a la Constitución vigente de acuerdo a sus intereses. Un segmento importante de los panameños rechaza la idea de reformas e insisten – correctamente - en la convocatoria de una constituyente originaria. La correlación de fuerzas – el Estado – favorece el proceso de reformas que fue el escogido por el presidente Laurentino Cortizo. Las reformas son cosméticas ya que no pretenden introducir cambios a la ‘Carta Magna’. Más bien, el objetivo es blindar la correlación de fuerzas a nivel del Estado. El poder ejecutivo seguirá al servicio de quienes hacen negocios y controlan el ingreso de las rentas que recibe el país. El poder legislativo continuará aprobando la ley del presupuesto nacional que favorecerá esa misma clase rentista que maneja los negocios del país. El poder judicial – con más ‘salas’ y ‘magistrados’ – seguirá haciendo justicia para los miembros del poder económico.
En estos momentos la Asamblea de Diputados está debatiendo el proyecto que le fue enviado por el Ejecutivo. Hay fuertes indicios de que el proyecto de reformas tiene pocas probabilidades de ser aprobado. El proceso tiene tres etapas. La confección de la propuesta, el debate en dos legislaturas seguidas y la realización de un referéndum convocado por el Ejecutivo. La propuesta fue redactada por un grupo que se llama la Concertación por el Desarrollo y acogida sin previo examen por Cortizo y enviado a la Asamblea. La Concertación hizo un esfuerzo improvisado que refleja los intereses de sus miembros. Las reformas consisten en abultar la Constitución con elementos que responden a la reestructuración de los poderes legislativo y judicial. Los miembros de la Concertación llevaron la Constitución de la República a un salón de belleza (para  pintarse las uñas) cuando lo que necesitaba era una intervención quirúrgica (de corazón abierto).

La constitución vigente y las reformas que quieren hacer, reflejan la realidad: La posición geográfica privilegiada del país y el Canal de Panamá, con una clase rentista que todavía no ha superado la etapa de ser meros recolectores de peajes (de todo tipo). No ha sido capaz de convertir esas rentas en inversiones productivas que beneficien el país. Justo Arosemena y Buenaventura Correoso en el siglo XIX lo intentaron. Arosemena insistía en el Estado federal que los recursos (rentas) de la posición geográfica se invirtieran en el agro y en la industria. Correoso promovió, sin éxito, la creación de un sistema educativo para el Istmo. Estaba contemplado en la Constitución federal de 1855. Ambos estadistas del siglo XIX tenían encendidas las luces largas y sus iniciativas siguen siendo válidas en el siglo XXI.
No fue hasta casi cien años más tarde, 1946, que se reunieron los constituyentes para elaborar una ‘carta magna’ de y para Panamá. ¿Qué pregunta se hicieron? La única pregunta que es legítima: ¿Qué República queremos? La mayoría de quienes opinan en forma organizada o como individuos que se consideran ilustrados piensan que la Constitución es un instrumento para resolver los problemas del país. Están muy desorientados. Sólo el pueblo, sus organizaciones y sus jóvenes pueden resolver los problemas.
La República es una entidad política que define quienes son los habitantes que pueblan un país, con fronteras y que se organizan para distribuir las riquezas que se producen dentro de su territorio: la res-pública. ¿Cómo se ordena ese proceso de distribución de la riqueza? Los habitantes de la República se dan una Constitución, redactada y aprobada por un proceso que es aceptada por consenso. Lo principal de un proceso de reformas de una constitución es el objetivo. ¿Será que cada ‘constituyente’ improvisado hoy persigue un objetivo muy particular?
17 de octubre de 2019.


miércoles, 9 de octubre de 2019

Trump y Kissinger, los grandes disruptores


A Donald Trump se le ve como el gran disruptor del orden establecido en el siglo XXI, creando caos en el mundo entero. Hay fuertes indicios que otro gran ‘disruptor’, del siglo XX, - Henry Kissinger – esta asesorando al presidente de EEUU. Trump no tiene muy claro qué representa Kissinger, pero coincide en puntos estratégicos como Rusia, Medio Oriente y América latina. Kissinger tampoco tiene muy claro quien es Trump. El ocupante de la Casa Blanca es más un provocador que un estratega. Por algo el Congreso lo está investigando para ver si lo enjuicia e intenta separarlo de su alta magistratura.
Según algunos analistas, Kissinger aún añora ser una pieza en la configuración de las fuerzas que se enfrentan en el plano mundial. Fue el hombre que dividió el eje chino-soviético durante la Guerra Fría. Ahora pretende crear un nuevo orden en un entorno que cambia rápidamente, comenzando con un Tratado de Paz entre EEUU y Corea del Norte. El mundo actual está lleno de contradicciones. China está creciendo rápidamente y quiere alcanzar a EEUU. Mientras tanto, Rusia más débil y cautelosa, atraída por la perspectiva de frenar las iniciativas de EEUU, se ha alineado estratégicamente (por ahora) con Pekín. Apretada entre estos dos polos, Europa se encuentra demasiado dividida para desempeñar un papel mediador significativo.
La analista Reva Goujan identifica como tema central en el pensamiento de Kissinger la noción de desequilibro. Kisinger ve el mundo en un estado de  desequilibrio creciente con China y EEUU, cada uno con su propia pretensión de ‘excepcionalidad’ histórica, compitiendo en el centro de gravedad del sistema internacional. Después de ser el centro de su propio mundo durante siglos, China fue empujada a un orden dirigido por Occidente, aunque no tomó parte en la redacción de las reglas del sistema.  “Con el tiempo, como advierte Kissinger, China esperará revisar las reglas del orden contemporáneo para adaptarse mejor a sus necesidades. El impulso global de China está en curso de colisión con EEUU, a menos que éste pueda encontrar una manera de coexistir y equilibrarse contra una China en ascenso.
Kissinger fue quien le sugirió a Trump que EEUU debería trabajar con Rusia para contener a una China en ascenso. La fama de Kissinger radica en el diseño (en la década de 1970) de la táctica de establecer relaciones diplomáticas con China para aislar a la Unión Soviética. Ahora recomienda una alianza con Rusia para aislar a China. La idea se ha visto complicada por la deferencia de Trump hacia el presidente Putin y la oposición del ‘establishment’. Kissinger ha sostenido reuniones con Trump en varias ocasiones. También con los miembros de su círculo más íntimo. Según la analista Bethany Allen, es un reflejo de cómo han cambiado dramáticamente las relaciones geopolíticas en el último medio siglo. Allen señala también que “Kissinger tiene una línea directa con el presidente chino Xi Jinping. Además, se ha reunido con Putin 17 veces a lo largo de los años.
Kissinger ha abogado repetidamente por una mejor relación de trabajo entre Washington y Moscú. Sobre la cumbre en Helsinki entre Trump y Putin, dijo que “era una reunión que debía tener lugar”. Un ex funcionario del gobierno de Trump se refirió  a la postura del ocupante de la Casa Blanca hacia Putin durante la cumbre de Helsinki como “el revés de la jugada de Nixon en China”. La misma fuente dijo que “Rusia y China se están juntando, lo que representa una combinación letal”.
Kissinger debe tener influencia sobre la política exterior de Trump hacia América latina. Desde su toma de posesión en enero de 2017, Trump sólo ha mostrado desprecio hacia la región. Siguiendo los pasos de Kissinger ha atacado a Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Kissinger fue quien orquestó el golpe militar de Pinochet contra el gobierno democrático de Salvador Allende. En 1970 Kissinger dijo que “no había que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo...” Kissinger le aseguro al entonces jefe de la CIA que Washington “no dejara que Chile se eche a perder”.
Sobre Argentina, le instó a los militares a liquidar la oposición y poner fin a la “guerra sucia”. En 1976 le dijo al gobierno argentino que “deseaba que (los militares) tengan éxito, cuanto antes mejor”. Ese mismo año también amenazó con atacar a Cuba.
10.10.19.

miércoles, 2 de octubre de 2019

La ‘crisis migratoria’ fabricada



Panamá no experimenta en la actualidad una crisis migratoria. Panamá siempre ha sido un país abierto a las migraciones. No porque somos más o menos simpatizantes de los extranjeros que vienen a buscar trabajo. La razón hay que encontrarla en factores sociales y económicos. Las inversiones que se hacen en el país tienen que ser valorizadas por los trabajadores (preferiblemente mano de obra barata). Los españoles durante la colonia trajeron muchos trabajadores de otras territorios americanos. En la era colombiana, la construcción del ferrocarril transístmico y del Canal francés trajeron al país migraciones de Europa, Asia y América latina, especialmente del Caribe. Igualmente, cuando los norteamericanos construyeron el Canal (1904-1914) las migraciones fueron  enormes.
Esas migraciones gigantescas provenientes del mundo entero no se volvieron a dar en el siglo XX, ni cuando se construyó el tercer juego de esclusas en este siglo. Hay una razón muy sencilla que lo explica. La mano de obra barata que construyó las bases militares norteamericanas antes y durante la segunda guerra mundial era nuestra. Eran campesinos desplazados de sus tierras y que buscaron empleo en las ciudades terminales del Canal. Fueron expulsados de sus tierras por las grandes corporaciones agroindustriales. La mayoría de los migrantes ‘internos’, con sus familias, crearon las enromes ‘barriadas brujas’ de las afueras de la ciudad de Panamá. También se instalaron en la viejas barracas construidas por los caseros panameños para los trabajadores informales del Canal.
Panamá tiene en la actualidad 4 millones de habitantes. Cerca de 40 mil son extranjeros. Es decir, el uno por ciento del total. Según el gobierno, hay menos de mil extranjeros que han solicitado el status de refugiado. ¿Cuál es la crisis? Esta apariencia de una crisis también tiene su explicación. Panamá es uno de los países más ricos de la región. Su tasa de crecimiento económico en los últimos 20 años ha sido extraordinaria. El llamado producto interno bruto (PIB) se ha multiplicado varias veces en los últimos 4 lustros. Las agencias de las Naciones Unidas consideran a Panamá un país moderadamente rico y hemos sido excluidos de los programas de ayuda creados por esa organización internacional.
La crisis entonces no está en la población ni en las migraciones. La crisis está en porqué un país tan rico tiene indicadores sociales tan deplorables. Casi en todos los aspectos sociales Panamá se encuentra en los puestos más bajos: Educación, salud, vivienda, empleo y otros. Podemos explicar entonces la crisis migratoria. Es una crisis fabricada para distraer a la población – especialmente a los sectores populares que sufren las consecuencias de estas desigualdades – que no encuentra solución a sus problemas. 
Por ejemplo, el gobierno dice que el alto costo de los productos alimenticios no son el resultado de las leyes que benefician a las empresas importadoras. Los medios no desmiente a los funcionarios. En cambio, nos inundan con ‘noticias falsas’ de las migraciones de extranjeros, sus peripecias y las heroicidades de SENAFRONT. El gobierno también dice que el colapso del sistema educativo no se debe a su descuido, a la desviación de recursos a otras actividades innecesarias y la falta de un plan mínimo para invertir nuestros recursos. Otra vez, distraen la atención del pueblo panameño acusando a los extranjeros de robarle los puestos de empleo a los trabajadores nuestros.
La falta de empleo en el país y el hecho que el 50 por ciento (uno de cada dos) trabajadores son informales no es un problema creado por los inmigrantes (legales e ilegales). Este es el resultado de las políticas públicas que desalientan la inversión de nuestras riquezas (Canal, puertos, minas, latifundios) en actividades productivas como plantas industriales y agroindustriales. No aprovechan el interés chino en invertir en Panamá y crear lo que llaman un ‘hub’ para toda América latina. Se crearían oportunidades de empleo y, porqué no, hasta para los inmigrantes.
En EEUU aplican la misma táctica tratando de convertir los inmigrantes en la causa de todos los males que sufren actualmente las familias norteamericanas sin empleo, con una educación y servicios de salud cada vez peores y sin viviendas. Trump convenció a muchos que el problema eran los mexicanos. Había que cerrar la frontera, construir una muralla y criminalizar la inmigración. En Panamá tenemos que poner fin a las políticas que benefician a unos pocos y poner el país en el camino del desarrollo integral con una población trabajadora formal y productiva.
3 de octubre de 2019.